Acortando Distancias
15 de Diciembre | Las emociones disÃmiles movilizan a quienes deben pasar las fiestas de fin de año lejos de sus paÃses de origen y de sus afectos. AlegrÃa o tristeza.
"Hace 15 años disfruté de una de las más felices navidades fuera de mi terruño. Fue en Suiza, cuando vivÃa en un micro apartamento. Resolvà comprar un diminuto arbolito de Navidad y lo decoré con cinco esferas y una mÃnima serie de luces. Como casi no tenÃa muebles, lo ubiqué sobre una caja de cartón a la que forré con envoltura para regalo. La cena fue simple. Sólo para dos sentados en una mesita que me habÃan regalado y platos desechables repletos de comida. En un momento sentà que estaba solo contra el mundo. Ahà descubrà que no se necesita a nadie más que a uno mismo, para ser feliz". Asà evocó su primera Navidad lejos de Tucumán, el arquitecto Federico "Fito" Perea, eterno viajero. Al respecto, el psicólogo Octavio Cazazola, considera que el testimonio del profesional oriundo de Burruyacu radicado en Valencia, España, "descarta la tristeza, la nostalgia, el dolor del alma y la añoranza de otras experiencias, a la vez que sublima el sentido de la vida y la perspectiva de su proyecto migratorio en una celebración tan singular como la Navidad, distante de sus arraigos, de sus afectos, de sus amigos y hasta de sus familiares directos". No obstante, el urbanista Perea, a pesar de que ya acumula ocho Navidades como foráneo, aún sigue colocándose en perspectiva para esta época. "Si bien es cierto la Navidad es un tiempo de esperanza y quiénes, como en mi caso debimos radicarnos en el exterior para buscar mejores oportunidades, lo entendemos mejor, no somos inmunes a la añoranza y a la tristeza en estos dÃas. Más aún cuando debemos festejar esta fiesta tan familiar y de afectos, lejos de nuestro paÃs", agregó Perea. "Siempre recuerdo mi primera Navidad como inmigrante, junto a mi esposo y su familia sueca. Fue muy especial, ya que se trataba de la primera en nuestro departamento en Gotemburgo", contó la bióloga Graciela Plata Noriega. "Frente a otras costumbres, con frÃo, nieve y noche -continuó-, preparé otro tipo de cena. Mi familia polÃtica no sólo aceptó sin pruritos mi formación católica sino también el menú que habÃa elaborado. Me protegieron y ayudaron mucho en ese momento. Después, no pude contener el llanto cuando saludé a mi madre, por teléfono". Por su parte la médica Luisa MarÃa Quevedo, que en 2009 pasó sus primeras fiestas de fin de año en España, por una beca de posgrado, casi ni se dio cuenta. "En Tucumán el calor agobia en esta época y la gente se pasa la madrugada festejando pero en Navarra hacÃa frÃo, casi no se festeja y me fui a dormir temprano", subrayó.
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